La costumbre es degustar los churros o porras fuera de casa al volver de madrugada de fiesta, o bien para llevárnoslos a casa y desayunar con la familia, ya que es mucho más fácil y limpio que prepararlos nosotros mismos en la cocina. Incluso las prestaciones tecnológicas de los puestos ambulantes o churrerías han aumentado, pues ahora pueden utilizar mejor maquinaria, como churreras manuales que evitan las salpicaduras de aceite (para no sufrir quemaduras) y produce los churros en condiciones higiénicas mucho más seguras.
En Madrid son muy famosos los churros de lazo, que antiguamente se presentaban servidos clavados en un junco. La tradición de desayunar churros mojándolos en chocolate caliente antes de comerlos está muy arraigada y existen varios locales de gran fama que los sirven así y datan del siglo XIX incluso. Antiguamente se conocían como churros verbeneros, ya que eran disfrutados en las verbenas y sobre todo, siguen siendo una tradición obligatoria en la madrugada del Año Nuevo el 1 de enero. Se suelen consumir como desayuno y merienda, y entre los acompañamientos más exóticos, figura el poder mojar los churros en anís.
En Andalucía los churros suelen tener nombres diferentes, pudiendo encontrar en Granada, Málaga y Cádiz los tejeringos (en referencia al instrumento en forma de jeringa empleado en su fabricación), en Córdoba los jeringos, o en Sevilla y Huelva los calentitos o masa frita, mientras que en Jaén se les denomina tallos.
Y como las tradiciones hay que conservarlas, siempre será un placer comer churros los domingos y perpetuar este delicioso alimento de generación en generación, aparte de ser la excusa perfecta para congregar a toda la familia o a un grupo de amigos alrededor de una misma mesa.