El bebé y tú: relación maternal
El encuentro establecido entre el bebé y tu desde el momento que nace, es el inicio de una relación profunda que afectará el desarrollo de toda su vida.
En este primer encuentro se juegan aspectos cruciales del desarrollo de tu hijo, no sólo debido a su estado de indefenso (como el de toda cría al nacer), sino también porque en los cuidados básicos iniciales el ser humano funda las bases de su personalidad futura. Con el alimento, el intercambio de miradas, el aseo, la conversación y las caricias, trasmites a tu hijo pautas y mensajes que conformarán los cimientos de su psiquismo.
En el universo de las relaciones humanas las más intensas son sin duda las familiares. Y en esta red de vinculaciones íntimas, el encuentro de mi bebé y yo es el más significativo. Tu bebé, como todos, ha nacido frágil (en estado de dependencia respecto de ti, su padre y otros cuidadores), y en el marco de esta dependencia temprana se desarrolla el apego. Se trata de un lazo muy especial que formas con tu hijo, que produce en él seguridad, alivio, consuelo y placer, por un lado, pero también angustia cuando asoma el temor o la posibilidad de perderte.
Te sentirás atraída hacia tu bebé; vivirás el deseo físico de olerlo, abrazarlo, mecerlo, arrullarlo y mirarlo detenidamente. Tu hijo, a veces, responderá acurrucándose, sonriendo, llorando, chupando y agarrándose de ti. Tus conductas serán placenteras, consoladoras y nutrientes para él, y sus conductas causarán satisfacción y placer en ti. Y es precisamente en esta relación de “ el bebé y tu ”, tan especial y única, que se desarrolla el apego.
Por eso, la forma en la que levantas a tu bebé, lo sostienes, lo bañas y lo alimentas impacta de manera contundente en su naturaleza. Sin las experiencias tempranas adecuadas (si los cuidados suaves, sensibles, amorosos y nutrientes de cada día) el potencial de desarrollo del niño no es completo.
Y se ha demostrado que mientras el bebé se familiariza con tu voz, tu rostro, con tu olor y tu textura, incorpora bases para los vínculos personales que mantendrá hasta la vejez: si establece una relación fuerte contigo, su probabilidad de crear relaciones saludables con otros es alta; pero si el apego de mi bebé y yo no es bueno, podría vivir problemas emocionales y de relación más tarde en la vida.
Es así como el inicio de la relación con tu bebé (marcado por el instinto de supervivencia y los cuidados afectivos en el hogar) instala en el niño una suerte de base biológica y emocional para todas sus relaciones venideras.
Una mejor relación entre el bebé y tu.
El cuidado de la relación entre mi bebé y yo es lo principal. Se trata de continuar con lo que has venido realizando durante los meses de embarazo previos.
No descuides los actos que crean apego: alzar y sostener al bebé en el hombro con amor, mecerlo, cantarle, alimentarlo, besarlo y acariciarlo, son todas experiencias cruciales de vinculación temprana. Aprovecha para jugar con el bebé cuando está tranquilo y despierto, y también a la hora de cambiarle los pañales y bañarlo.
Háblale mirándolo a los ojos, y míralo a los ojos al abrazarlo y acariciarlo; también al darle el pecho, al cambiarle el pañal y bañarlo.
El momento del amamantamiento es clave; aprovéchalo. Procura que sea un clima tranquilo y que se acompañe de caricias y miradas. En la medida de lo posible, evita actividades paralelas a la hora de dar el pecho, como mirar TV y escuchar radio.
Aprende a interpretar el lenguaje del pequeño para que la relación entre mi bebé y yo sea más íntima. Él habla con sus sonidos y llantos para expresar dolor, hambre, frío, miedo, cansancio, placer… Háblale y tócalo. Aunque él no responda con palabras, comprende lo que dices. Y trata de llamarlo siempre por su nombre o del modo que lo llamas cariñosamente.
Cuida el vínculo con tu hijo. No es extraño que te sientas a gusto con un bebé tranquilo, pero abrumada con uno irritable. Debes estar atenta, leer las señales no verbales que emite e intentar siempre responder adecuadamente. Con cada hijo tu estilo de comunicación puede variar, porque cada uno es único.
Fomenta un ambiente tranquilo y un ritmo de vida ordenado. Evita momentos rápidos, nerviosos o violentos. El bebé se relaja sólo cuando la madre está relajada y bien dispuesta. Y tienes que pensar que el mundo para mi bebé y yo, será el mismo.
Cuida los hábitos del sueño del bebé. En la medida de lo posible, acostumbrándolo a dormir con los ruidos habituales de la casa y en su propia cuna o cama. La canción de cuna tranquiliza enormemente. Le ayuda a conciliar el sueño y sentirse más seguro.
Las separaciones en este momento de la vida del bebé no son fáciles para nadie. Si tienes que salir a trabajar, asegúrate de que la persona que quede sea de tu confianza. Pasando el primer momento, la situación se supera con mayor tranquilidad, de cualquier modo, es bueno planificarlo con la pareja y el pediatra en función de cada situación.
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